Otra vez hace un montón que no escribo, y esta vez le tengo que agradecer a Maruja el “empujoncito” que me dio, vía email, para volver a contar sobre la de vida de los Aventureroos.
Hace dos semanas me fui en un viaje de trabajo a la región del Pilbara, que está al noroeste de WA, ya había estado por acá un par de veces, pero esta vez fue con un poco más de tiempo, y fui con un compañero de trabajo inglés muy macanudo. Nos hicimos en total unos 1400 kilómetros visitando unas 12 repetidoras y centrales telefónicas, y como fuimos por distintas rutas pudimos ver mucho del paisaje de la región.
De Perth volamos a Paraburdoo, y de allí por ruta a Tom Price. Estos dos pueblos, como varios otros en esta región, fueron construidos especialmente como parte de grandes proyectos mineros que se empezaron a desarrollar en la década del 60 cuando se descubrieron depósitos muy grandes de mineral de hierro. La zona es muy pintoresca por el color rojo de la tierra (incluyendo las piedras) y los paisajes con sierras. 
Los pueblos acá en Australia no siguen para nada el patrón español que tenemos en nuestros pueblos argentinos donde el 99% tiene en el centro una plaza cuadrada, y alrededor una iglesia, la policía, la municipalidad y el correo. Acá la distribución es mucho más aleatoria, y lo más llamativo es como cambia el punto de referencia a la hora de pedir direcciones. En Argentina si uno pregunta como llegar a algún lugar, es muy probable que la respuesta sea por ejemplo: “De la iglesia dos cuadras hacia arriba”. En Tom Price la respuesta que recibí fue: “Del Pub dos cuadras hacia arriba”
Para ir a las primeras repetidoras teníamos que atravesar el Parque Nacional Karijini, que se caracteriza por tener unos cañadones donde pasan los ríos, y por supuesto allá fuimos a verlos. Lo primera cosa llamativa fue la entrada al parque. Estos lugares están realmente lejos de todo y no hay guardaparques permanentes, así que hay un cartel de bienvenida, con información de lo que podés ver, los cuidados que debés tener, y unos sobres para pagar la entrada y ponerlo en un buzón. Traté de ver si el buzón estaba vació, y para sorpresa mía estaba casi lleno. Por supuesto, yo puse los $10 que costaba la entrada por vehículo y allá fuimos. 
Continuará...